Søren Kierkegaard

12 de mayo de 2007

Pues, dado que cierto post que he estado esperando sobre Kierkegaard no ha visto la luz todavía, me voy a atrever a hablar un poco de el, discutíamos ( ) acerca de la complejidad (y locura) de Kierkegaard, a quien tradicionalmente se le suele atribuir la fundación del existencialismo.

"La suprema paradoja de todo pensamiento es que pretende descubrir
algo que es incapaz de pensar"

Søren Kierkegaard nació en Copenhague el 5 de mayo de 1813 sus posturas profundizan en el subjetivismo moral y la fe cristiana. Sus principales obras son: O lo uno o lo otro:«Un fragmento de vida», Temor y temblor, El concepto de la angustia, Fragmentos filosóficos y Diarios de un seductor. Su nombre en danés se escribe Søren que en español sería Severino y su apellido Kierkegaard significa literalmente jardín de la iglesia o cementerio.

Kierkegaard escribió toda su obra en un época en la que el panorama filosófico estaba dominado por el recién fallecido Hegel. Éste, según Kierkegaard, había pretendido explicarlo todo mediante un gran sistema de ideas en el que las cosas concretas, las entidades individuales, apenas eran mencionadas, cuando en realidad la única verdadera existencia es la de esos objetos individuales. Así, las abstracciones y generalizaciones no existen como tales, sino que tan sólo constituyen una serie de ayudas que el hombre ha creado para pensar y relacionar el conjunto de la realidad. Pero si lo que se pretende en el fondo es llegar a entender esta última, es imprescindible centrarse en los seres individuales, que es definitiva lo único que existe. Esto resulta especialmente cierto por lo que se refiere al ser humano.

Según Hegel, el individuo tan sólo puede realizarse integrándose en esa entidad abstracta y enorme que es el Estado, cuando, en realidad, afirma Kierkegaard, la suprema entidad moral es el propio individuo y por consiguiente, es todo ese conjunto de aspectos subjetivos y personales que conforman su vida cotidiana lo único que debe importar. Dado el valor trascendental que posee la actividad moral del hombre, la actividad humana más importante es la toma de decisiones: al elegir, el ser humano crea su propia vida y se encuentra consigo mismo. Kierkegaard confiere a este razonamiento una interpretación religiosa según la más pura tradición protestante, en la que la relación con Dios cobra un protagonismo fundamental.

Muchos filósofos posteriores han respetado el modo en que Kierkegaard sitúa la figura de Dios, aunque sin compartir en absoluto su fe religiosa. Consecuencia de esto último es el hecho de que se hayan desarrollado dos corrientes paralelas: el existencialismo religioso y el existencialismo humanista.

9 comentarios:

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EXISTENCIALISMO, ANGUSTIA Y ESPERANZA

Comentaremos las categorías de Kierkegaard a partir del texto "Lecciones sobre Existencialismo" de Roger Verneaux. Ed. Club de Lectores, Buenos Aires.1952

1) La categoría de único: Cada hombre, siendo un individuo, es único, distinto de todos los demás, de tal suerte que no hay dos hombres exactamente iguales. Cada uno vive una vida personal de la cual no puede descargarse sobre las espaldas de otro, nadie puede existir en mi lugar. Esto que parece excesivamente individualista es la raíz de la responsabilidad para la persona sana. "Se vive solo y se muere solo" dice Pascal. Sin embargo, si no la rechazamos, tenemos la ayuda de muchas personas de nuestra familia y amigos. Es más por la Comunión de los Santos todos los demás cristianos nos ayudan. Y todavía más: la acción de Dios en nosotros lleva a decir con San Pablo "ya no soy yo el que vive sino que Cristo vive en mi" o bien "ser otro Cristo, ser el mismo Cristo". La categoría de único es lo más contrario al colectivismo y en el cristianismo a la confesión comunitaria.

2) La categoría del secreto: cada conciencia forma un mundo cerrado, un poco como lo decía Leibniz de sus "mónadas". El hombre está amurallado en sí mismo. Sin duda que puede explicarse, hacerse conocer, en cierta medida. Pero todo lo que diga sobre si será miserable, y tan incompleto, tan distante de agotar el fondo del corazón, que será como si nada hubiera dicho. He aquí por qué Kierkegaard publicó la mayor parte de sus obras bajo diversos seudóninos : ninguna de ellas lo expresa a él, en la infinita riqueza y com­plejidad de su vida interior. Hay que abandonar, pues, la esperanza de establecer alguna vez una comunica­ción directa entre los individuos. ¿Qué queda, enton­ces? Por lo pronto, cada uno de ellos puede formarse una cierta idea de los demás; sólo que este conoci- miento es abstracto y objetivo, y deja así escapar la individualidad que intenta penetrar. Además hay po­sibilidad de trasmitir un mensaje, el cual no es más que una comunicación indirecta, pero concreta, exis­tencial. ¿De qué se trata? De atraer la atención de los otros sobre sus propias existencias, de despertarla al pensamiento subjetivo, si consienten en ello. Esta puede hacerse por la palabra, pero mucho mejor por el silencio, a condición de que esté apoyado por la vida misma, o por la muerte, digamos por el martirio. El martirio es testimonio, atestación de la verdad; es la forma suprema del "mensaje existencial", porque pone a los especuladores en la obligación de elegir, pero respeta su libertad. Sin embargo, toda persona humana tiene necesidad de contar lo que le pasa por dentro. Decía Santa Teresa que las almas necesitan un desaguadero. En la práctica vemos la acción de sicólogos y directores espirituales, cada uno en su ámbito, a los cuales hay que abrir el alma.

3) Categoría del devenir: Todo hombre está en per­petuo devenir; propiamente hablando, no es (el tér­mino implica inmovilidad), deviene. "Llega a ser lo que eres", decía Goethe en pos de Píndaro; la fórmula vale para Kierkegaard, pues la existencia humana, a sus ojos, es un esfuerzo perpetuo por superarse, con­quistarse, unificarse, en resumen, por llegar a ser uno mismo.

4) Categoría del instante: La existencia humana es un devenir, pero sólo nos es dado el presente, sólo él existe. Es en él donde se juega nuestra vida, donde podemos hacer un acto de libertad. "Haz lo que debes y está en lo que haces", nos dice San Josemaría Escrivá. Así también el instante no es un limite inasible entre el porvenir que todavía no es, y el pasado que ya no es más; sólo para el pensamiento abstracto es eso. Concretamente, hay un valor trascendente al curso del tiempo, un sentido -por así decir- vertical: es la inserción de la eternidad en nuestro devenir. No es el instante humano como el punto sin dimensiones de una recta, de alguna manera devenimos haciendo algo y nos centramos en la totalidad de la acción que vamos realizando por partes. Debemos atender a ese ir deslizándose en el tiempo sin miedo a lo que queda atrás o adelante: como quien viaja en un trineo.

5) Categoría de la elección: La libertad es una de las características más profundas del ser humano: Resume, en cierta manera, los rasgos precedentes, por­que decide el presente, orienta y subtiende el de­venir, y sobre todo constituye el yo. Estar determi­nado, en efecto, sería no ser uno mismo, sería ser un simple reflejo del mundo, un punto de reunión y una resultante de las fuerzas naturales. La individuali­dad se da, la persona se afirma por y en la libertad. ¿Qué es, pues, el acto libre? Ante todo es un comienzo absoluto, un acto irracional, por consiguiente, en el sentido de que no puede ser previsto ni explicado por la razón; toda la lógica del mundo es impotente para deducir las decisiones de un hombre. Además es una elección; lo cual significa, que en presencia de una alternativa se elige uno de los miembros con exclu­sión del otro. Quizá es posible superar las contradic­ciones y superarlo todo por la dialéctica hegeliana en el plano de la especulación pura; pero no, ciertamen­te, en el plano de la existencia ahí es sí o no. Por último : y esto nos hace penetrar en lo más intimo de la libertad: por el hecho de elegir alguna cosa, sea lo que fuere, en el fondo se elige uno a sí mismo. La libertad, pues, consiste en elegirse: por una parte en consentir en ser lo que se es, en ser uno mismo, y por otra en querer devenir lo que no se es. Pero los dos aspectos se superponen, coinciden en realidad, puesto que el ser del hombre consiste en devenir. La libertad aparece así como una tensión del ser ha­cia sí mismo.

6) Categoría del ante Dios: Las categorías prece­dentes eran de orden puramente natural, si bien li­gadas en una cierta medida a la vida religiosa. Ésta es de orden religioso; es como el centro de las catego­rías de este tipo, al mismo tiempo que es el basamen­to de las categorías naturales. Lo importante es ver bien que "el pensamiento subjetivo" no es "subjeti­vista", es decir; condenado a la inmanencia. Podría creerse esto último si se considera la categoría de secreto : ¿no forma la conciencia un universo cerrado en sí mismo? No. El pensamiento subjetivo, siempre que se lo profundice lo bastante, da acceso a lo tras­cendente; más aún, es el único camino capaz de condu­cir allí. Pues cada hombre es solitario entre los hom­bres, sin relaciones verdaderamente íntimas con ellos. Pero puede entrar, si quiere, en comunicación direc­ta, inmediata, con otro sujeto, otra persona: Dios. Dios es el única existente con quien pueda estable­cerse una comunicación tal; pero ¿no es también Él el Absoluto, el Infinito? En comparación, todo el res­to pierde interés. Por la fe, pues, el cristiano se pone en presencia de Dios, entra en relaciones personales con Él, solo con el Solo; y la vida cristiana no es otra cosa que una "soledad ante Dios". Citemos al menos este texto admirable: "Osar a fondo ser uno­ mismo; osar realizar un individuo, no tal o cual, sino éste, aislado frente a Dios, solo en la inmensidad de su esfuerzo y de su responsabilidad, he ahí el heroís­mo cristiano", Este texto sólo podía escribirlo un pro­testante que no cree en la Iglesia ni en los sacramen­tos, pero no por ello deja de expresar uno de los as­pectos auténticos de la vida religiosa,.

7) Categoría del pecado: Surgió desde que el cris­tiano se puso en presencia de Dios, pues en el fondo es lo mismo la fe y la conciencia del pecado: uno se pone delante de Dios reconociéndose "culpable". No se trata solamente de los pecados que uno ha come­tido personalmente.; el pecado es algo más profundo. Es algo metafísico, en primer lugar: percibirse como un ser finito y contingente, separada del Infinito por un abismo infranqueable; y no puede uno tomar con­ciencia de su ser finito si no es por relación, por opo­sición al Infinito. Pero el pecado es más que eso; tiene un carácter específicamente moral: ante todo, descubrirse no-santo, si se puede hablar así, en com­paración del Dios tres veces santo; después captar en sí la marca indeleble del pecado original que nos separa de Dios en tanto que hijos de Adán. Así el pecado afirma el yo, constituye la individualidad por una especie de dialéctica existencial. Por el pecado el hombre se afirma a sí mismo contra Dios, pero por ello mismo también ante Dios; por el pecado se afir­ma como libre y responsable; por el pecado asume su finitud y su "pérdida", pero también comienza la obra de su salvación.

8) Categoría de angustia: Ella es pro­pia de la condición humana tal como nos ha sido re­velada por los análisis precedentes, y resume o con­tiene todas las otras categorías. Lo cual viene a sig­nificar que todo hombre -aun el más despreocupado o el más dichoso- vive angustiado, simplemente porque es hombre. Y en efecto, de cada uno de los rasgos que hemos expuesto surge la angustia: de la soledad y del secreto, del fluir del tiempo y del valor infinito del instante presente; de la libertad aún más; si es posi­ble, pues ella, lleva la abrumadora responsabilidad de sí misma y supone una posibilidad permanente de pecar; de la fe, que nos revela a un mismo tiempo nuestro Dios y nuestro pecado; del pecado mismo, en fin, que nos atrae y nos repugna a la vez. Tal es el hombre de Kierkegaard: en resumen, un ser angustiado. Cierto que el cuadro es sombrío. Pero ¿lo es en demasía? Ése es ya otra problema. Sea como fuere, la angustia revela al hombre a sí mismo, señala conjuntamente su miseria y su grandeza.

No debemos angustiarnos tanto. La angustia es un miedo. Pero el miedo es miedo a algo. La angustia es miedo a todo o al pasado o al futuro. También tenemos la angustia enfermiza sicológica. Cristo sufrió angustia antes de su muerte. Pero sabemos que por esa muerte y resurrección hay una salvación y un cielo que alcanzar.