¿Qué debemos creer?

5 de diciembre de 2006

El concepto común de la naturaleza del hombre y la mujer que comparten los judíos, cristianos y musulmanes, es esa distinción que pone de relieve la conclusión del primer capítulo del libro del Génesis. Se puede dar fe de la validez científica de esos versos, en un tema relacionado se puede dar fe de la validez absoluta de esa acusación que presentó Filón de Alejandría contra el falso concepto filosóficamente reduccionista de Creación. Eso es lo que, los tres (judíos, cristianos y musulmanes), debemos creer.

El Creador del universo ha de reconocerse como una personalidad viva cuya naturaleza, a diferencia de la de todas las bestias, se refleja en la naturaleza intrínseca de la esencia inmortal de las facultades creativas que están ausentes entre las bestias, pero que distinguen de manera fundamental a la personalidad humana. A este respecto, la vida de todo ser humano individual es sagrada según la ley natural de este universo eterno. Así, tenemos que considerar la relación entre cristianos, judíos y musulmanes del modo que Nicolás de Cusa describe este principio en su famoso diálogo
De pace fidei. En esta configuración del proceso social, la fe del individuo tiene que responder primordialmente a esta clase específica de relación personal, como hacía hincapié Cusa, con el Creador vivo que existe en tanto poder activo voluntario dentro de un universo finito, pero ilimitadamente autolimitado.

Así como las naciones deben ser soberanas en su legislación, la comunidad de pueblos soberanos tiene que procurar de manera constante arribar a una comprensión común menos imperfecta que la ley natural implícita en el gobierno del Creador sobre ese universo. Nunca debemos sobreestimar la perfección de lo que pudiéramos considerar como nuestra creencia establecida. Siempre tendremos mucho de sustancia por descubrir, y la tarea de lo que aún no hemos soñado con hacer.

Sin embargo, esta comprensión indispensable de cualquier persona, nación o agregado de creencias religiosas es, por necesidad, imperfecta de dos maneras. Primero, conocemos el universo del modo que existe hasta ahora sólo de manera imperfecta, como insiste el apóstol Pablo en su
Corintios 1:13. Segundo, como le advirtió Filón a los aristotélicos de su tiempo, Dios el Creador nunca renunció a Su poder para cambiar el universo que Él ha creado. El razonamiento de Filón implica la pregunta: ¿le rezaría cualquier persona cuerda a un Creador al que creyera impotente? Por tanto, un sabio rabino judío diría, que el Mesías no regresará conforme a algún itinerario, sino sólo cuando el Creador lo decida.

En cuanto a las implicaciones superiores de la naturaleza del Creador, la mejor prueba de conocimiento científico es que, así como al sistema planetario solar lo generó, en tanto forma superior de existencia, un sol joven que giraba con rapidez, el universo de Dios no es fijo, nunca es entrópico, sino que siempre es
antientrópico, siempre opera para desarrollarse y expandirsea niveles superiores de existencia. La misión esencial de la humanidad es actuar a semejanza del Creador, y en asociación con ese Creador, en ese sentido.

En consecuancia, tenemos que abordar el manejo de los asuntos del universo de una manera que esté regida por una mezcla cuidadosa de certezas y humildades.

1 comentarios:

J. de Jesus dijo...

ME PARECE EN EXTREMO INTERESANTE EL TEMA QUE ABORDAS BASTE DECIRTE DOS COSAS, O 3, O 4 . PERSONALMENTE MI VIDA ES UNA BÙSQUEDA DE DIOS.

ASI COMO EXISTE EL BIEN, EXISTE EL MAL.

ASI COMO EXISTE EL CONCEPTO DIOS, O SUPREMO ARQUITECTO DEL UNIVERSO EXISTRE UNA ENTIDAD MALIGNA. LLAMALE COMO GUSTES.

SOLO PUEDO DECIRTE PORQUE ES MUY EXTENSO EL TEMA. QUE TOCAS UNA INTERROGANTE MUY VIEJA. QUÈ ES EL HOMBRE, DE DONDE VIENE Y FUE CREADO O ES PRODUCTO DE LA EVOLUCIÒN DE AHI SURGE EL IDEALISAMO Y EL MATERIALISMO. Y MUCHAS VERTIENTES.

CREO HAY QUE HABLAR PERO ESTE ESPACIO ES NADA. FINALMENTE DIOS ESTA CONTIGO Y TU EN ÈL.